El principal compromiso de un medio de comunicación no es con el poder político, económico ni corporativo. Su compromiso esencial, irrenunciable, es con sus lectores y con sus audiencias. Con el derecho de la ciudadanía a estar informada de manera plural, veraz y responsable. Cuando ese pacto se debilita o se rompe se resiente el periodismo, sí, pero lo que más se daña es la calidad de la vida democrática.

La libertad de expresión y el derecho a la información no son concesiones de los gobiernos ni privilegios sectoriales de quienes ejercen el oficio periodístico. Se trata de bienes públicos, pilares de una sociedad abierta, y que pertenecen a todos los ciudadanos. Sin información libre no hay deliberación posible; sin voces diversas no hay debate genuino; y sin debate la democracia se vacía de contenido.

El lunes pasado, la Policía detuvo de manera arbitraria a Matías Vieito, fotoperiodista de LA GACETA que cubría una noticia: la caída de un automóvil a un canal, en las cercanías de Los Ralos. Tres jóvenes fallecieron a causa del accidente. A Vieito lo subieron a una camioneta y lo llevaron a la comisaría de Delfín Gallo, donde lo mantuvieron incomunicado y le secuestraron los equipos de trabajo. Al cabo de tres horas lo liberaron y le devolvieron esos equipos, lo que dejó en evidencia lo incorrecto del accionar policial. En el acta quedó establecido que la detención se había producido por “resistencia a la autoridad”. En ningún momento se produjo tal desacato.

¿Cuáles fueron los hechos? Cuando el equipo de LA GACETA llegó al lugar del accidente se topó con el cordón policial, ya que los peritos seguían en plena tarea y no estaba permitido acercarse. En consecuencia, lo que hizo Vieito fue tomar fotos con un dron, desde unos 80 metros de altura. Imágenes que de ningún modo vulneraban la intimidad de las víctimas ni de sus familiares, capturadas al sólo efecto de tener un pantallazo -de lo más lejano- de la situación.

De ningún modo se traspasó el parámetro ético que caracteriza a LA GACETA y que explica, entre otras muchas razones, su vigencia al cabo de 113 años de periodismo. Claramente, no existió pretensión alguna de actuar por fuera de esos límites, más allá de conjeturas carentes de sustento documental que puedan surgir de algunos posteos en redes sociales.

Aquí vale destacar que el rol de los medios es insustituible. Informar va más allá de transmitir hechos; la labor consiste en contextualizarlos, verificarlos y ofrecer las herramientas necesarias para que la sociedad pueda formarse una opinión propia. Ese ejercicio exige independencia, rigor y una ética profesional que priorice el interés público por encima de cualquier presión externa. Los medios no están para complacer, sino para interpelar; no para callar, sino para preguntar; no para amplificar consignas, sino para aportar claridad.

Cuando se limita la libertad de expresión se empobrece el derecho de la ciudadanía a conocer, comprender y evaluar la realidad. Pero cuidar la libertad de expresión implica también asumir responsabilidades. Los medios deben honrar la confianza de sus audiencias con profesionalismo, honestidad intelectual y transparencia.

La defensa de este derecho de la ciudadanía a mantenerse informada se ejerce todos los días, en cada cobertura, en cada título, en cada decisión editorial. Por todo esto, reafirmar el compromiso con los lectores y las audiencias es una forma de fortalecer la democracia y LA GACETA se mantiene firme en ese camino.